Cuando hablamos de nutrición, muchas veces pensamos solo en calorías o macronutrientes, pero los minerales cumplen funciones silenciosas y fundamentales en el cuerpo. Participan en la formación de huesos, en la contracción muscular, en el sistema nervioso y hasta en cómo nos sentimos a lo largo del día.
El calcio, por ejemplo, no solo es importante para los huesos, también interviene en el movimiento muscular. Lo encontrás en lácteos, bebidas vegetales fortificadas, semillas y verduras de hoja verde. El hierro, clave para el transporte de oxígeno, está presente en carnes, legumbres y vegetales verdes, y se absorbe mejor cuando se combina con vitamina C.
El magnesio suele pasar desapercibido, pero colabora en la relajación muscular y el descanso. Aparece en frutos secos, semillas, legumbres y cereales integrales. El potasio, por su parte, ayuda al equilibrio de líquidos y a la función muscular, y se encuentra en frutas, verduras y legumbres.
Incorporar minerales no requiere suplementos ni fórmulas complicadas. Una alimentación variada, con alimentos frescos y poco procesados, suele cubrir gran parte de las necesidades diarias. Cambiar el “siempre lo mismo” por un poco más de diversidad es una estrategia simple y efectiva.
Pensar la nutrición desde este lugar ayuda a conectar la comida con el bienestar real, más allá de modas o restricciones. ¿Qué alimento rico en minerales podrías sumar hoy a tu plato?