Los bowls tienen algo lindo: no hay una receta exacta, es más bien una idea. Una base, cosas ricas arriba, y listo.
Para este, la base es quinoa: se enjuaga bien (importante, si no queda amarga), se cocina quince minutos en el doble de agua y ya está. Mientras tanto, al horno van los vegetales que tengas dando vueltas: zanahoria, zucchini, morrón, cebolla. Aceite de oliva, sal, y veinticinco minutos a horno fuerte.
Después es armar: quinoa abajo, vegetales arriba, y algún toque final. Palta, semillas, garbanzos, un huevo… lo que haya.
Lo mejor es que todo se guarda bárbaro, así que podés cocinar una vez y resolver varios almuerzos. Frío o tibio, funciona igual. De esos platos que se acomodan a lo que hay en la heladera, no al revés.