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Las proteínas también son cosa de plantas

Cuando pensamos en proteínas, la cabeza va casi siempre al mismo lugar: carne, pollo, huevo. Y está perfecto, son buenas fuentes. Pero se nos escapa medio mundo de opciones que vienen del reino vegetal y que muchas veces son más baratas, más livianas y rinden un montón. No hace falta volverse vegetariano para sumarlas; alcanza con darles un poco más de protagonismo en la semana.

Las estrellas indiscutidas son las legumbres. Lentejas, garbanzos, porotos, arvejas secas: todas traen buena cantidad de proteína y, de yapa, fibra que ayuda a la digestión y a sentirse satisfecho por más tiempo. Un guiso de lentejas, un plato de garbanzos, un hummus para untar. Son económicas, se conservan bien y dan mucho juego en la cocina.

Después están los cereales integrales, que aportan lo suyo. La avena, la quinoa, el arroz integral no son solo carbohidratos: también suman proteína. La quinoa incluso es de las pocas fuentes vegetales que traen todos los aminoácidos esenciales, esos ladrillitos que el cuerpo necesita y no fabrica solo. Una razón más para tenerla en la alacena.

Y hay un truco viejo que vale la pena conocer: combinar legumbres con cereales. Arroz con lentejas, garbanzos con cuscús, porotos con maíz. Por separado, a cada uno le falta algún aminoácido; juntos, se completan y forman una proteína tan buena como la de origen animal. Nuestras abuelas lo hacían sin saber la teoría, guiadas por el paladar y la economía.

No podemos olvidarnos de los frutos secos y las semillas. Un puñado de almendras, nueces o semillas de girasol suma proteína, grasas buenas y textura a cualquier comida. Espolvoreados sobre una ensalada, mezclados en el yogur o comidos así nomás como snack, son una manera fácil de reforzar el plato sin esfuerzo.

La idea no es reemplazar nada ni militar ninguna dieta. Es simplemente ampliar el menú. Cuantas más fuentes distintas tengas, más variada y completa se vuelve tu alimentación, y menos dependés de un solo tipo de comida. Sumar una comida a base de legumbres por semana ya es un buen comienzo: el cuerpo lo agradece, el bolsillo también, y la cocina se pone bastante más interesante.

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